Mostrando entradas con la etiqueta depresion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta depresion. Mostrar todas las entradas

La relación entre la obesidad y la depresión -



La obesidad parece estar asociada con un mayor riesgo de depresión y a su vez la depresión también parece asociada con un mayor riesgo de desarrollar obesidad, según un meta-análisis del Centro Médico de la Universidad de Leiden en Países Bajos, que se publica en la revista 'Archives of General Psychiatry".
También otros expertos indican que es más común que en los pacientes obesos primero se presentaron cuadros de ansiedad junto con la ganancia de peso y finalmente esto los llevo a la depresión.
¿Por qué sucede esto?
La realidad es que muchas personas con obesidad ya no saben cómo lograr bajar a su peso saludable y mantenerlo, ya probaron una y mil veces, se chocan con la impotencia de no saber por qué las supuestas soluciones que antes funcionaron fueron momentáneas. Provocando, una problemática crónica que genera un desgaste psíquico que lleva a la depresión. No pudiendo disfrutar de nada. El sentimiento depresivo hace pensar que no hay salida posible.

A nivel psicológico se puede decir que el obeso es un ser que está bloqueado, esto quiere decir que no puede desplegar sus recursos personales, descubrir sus deseos, relacionarse plenamente con otros. Es difícil ver otra cosa cuando todo pasa por la comida.
  • Come para consolarse
  • Come para celebrar
  • Come por socializar
  • Come porque está triste
  • Y claro, come porque tiene hambre
Entonces TODO es comer, y se limitan las posibilidades de disfrutar y descubrir otras cosas placenteras, de descubrirse uno mismo, de ampliarse.
Todos tenemos aspectos vulnerables, somos sensibles a determinadas situaciones o problemas, pero también podemos aprender a cuidarnos, valorarnos, contenernos y sostenernos en los momentos difíciles.
Relación intima
"Existe una asociación de reciprocidad en el tiempo entre la depresión y la obesidad", dijo la doctora Floriana S. Luppino, del Centro Médico de la Universidad Leiden, en Holanda.
El equipo de Luppino halló que la obesidad elevaba un 55 % el peligro de sufrir depresión en personas no depresivas y, a la vez, la depresión aumentaba un 58 % el riesgo de obesidad en personas con peso normal.

Encontró que uno de cada cuatro casos de obesidad está asociado con un trastorno anímico o de ansiedad.
“ser obeso no sólo aumenta el riesgo de tener síntomas depresivos, sino que puede desatar la aparición de la depresión clínica.”
No obstante, a diferencia de la obesidad, el sobrepeso no generó esa asociación de doble vía.





Estrés psicosocial
De todos modos, no debería descartarse el efecto del estrés psicosocial.
El sobrepeso y la obesidad alcanzan a reducir la autoestima y la insatisfacción con el propio cuerpo, en especial en los países occidentales, donde la delgadez es el ideal de belleza. La autoestima baja y la insatisfacción con la imagen corporal predisponen a la depresión.
Los médicos y a otros profesionales de la salud que atienden a pacientes con sobrepeso u obesidad, deben evaluar los signos de depresión y viceversa, en tanto que los psiquiatras con pacientes depresivos deberían indicarles que consulten a un nutricionista.



Cómo mejorar esta situación
  • Quererse, amarse, buscar y encontrar la forma de consentirse de forma saludable como salir a caminar, sentir la naturaleza y saber que formas parte de ella.
  • Disfrutar la compañía con pláticas interesantes, aprendiendo a escuchar y formar parte con interés sin necesidad de masticar algo.
  • Encontrar un hobbie placentero como, leer, escuchar música, bailar, coleccionar algo, jugar el sudoko, hacer deporte. Trata de que tus hobbies no sean ver la tele o ir al cine ya que estos promueven los alimentos chatarras.
  • Además de estas recomendaciones, la ayuda de profesionales es indispensable. Recuerda que una manera de consentirte es saber que tienes quien te puede ayudar a tus problemas. Un equipo medico integral formado por un nutriólogo, psicólogo y médico general pueden ser la mejor opción.
http://www.alimentacion-mexico.com/obesidaddepresion.htm

Leer más...

NUTRA SU MENTE - LEVANTE SU HUMOR Y TENGA BUEN SUEÑO NOCTURNO - DOCTOR SONRISAL



Para los expertos en medicina nutricional, lo que la mayoría de la gente logra intelectual, social y emocionalmente está por debajo de su verdadero potencial, pero una alimentación apropiada puede aumentar su inteligencia, mejorar su estabilidad emocional, reforzar su memoria y mantener joven su mente.
Según estos especialistas, una correcta combinación de nutrientes funciona mejor para las neuronas que los fármacos y carece de sus efectos secundarios, y muchas de las enfermedades mentales que hacen que la gente acuda a las consultas de psiquiatría pueden evitarse, aliviarse o curarse cambiando los hábitos alimenticios y con el apoyo de suplementos nutricionales.
"Sólo tiene un cerebro, cuídelo", señala el psicólogo experimental Patrick Holford, fundador del Instituto para la Nutrición Optima de Estados Unidos y autor del libro Nutrición óptima para la mente, en el cual brinda una serie de claves para pensar, recordar y sentirse mejor.
Según Holford, el modo en que cada uno piensa y siente depende directamente de lo que come, mientras que la mayoría de los problemas psicológicos pueden resolverse o aliviarse ayudando a la terapia psicológica, por medio de una correcta nutrición. El experto dice que hay cinco tipos de nutrientes que mantienen una salud mental de primera.
Datos clave
Equilibra tu glucosa. Para Holford los alimentos ricos en hidratos de carbono de liberación lenta, que el cuerpo transforma en glucosa, son el mejor combustible para el cerebro y el sistema nervioso, porque no forman sustancias tóxicas en el organismo, y liberan su energía de una manera constante y paulatina.
Engrasa tu cerebro. Si se le quita el agua, el cerebro está formado en un 60 por ciento de grasas, algunas de las cuales, como los ácidos omega-3 y omega-6 son esenciales tanto para prevenir dolencias como el Alzheimer o la depresión, y sacar el máximo provecho a la inteligencia. En cambio, el exceso de otras grasas, como el colesterol o las saturadas, es nocivo.
Fosfolpidos, las moléculas de la memoria. Son grasas inteligentes que ayudan a fabricar la mielina que recubre los nervios, favoreciendo que las señales lleguen sin problemas al cerebro, no sólo mejoran el humor, refuerzan la mente y optimizan el rendimiento intelectual, sino que además protegen frente al declive de la retentiva y el mal de Alzheimer.
Aminoácidos para los mensajes cerebrales. Estos compuestos, que son los ladrillos con los que se construyen las proteínas, mejoran la capacidad de comunicación interna del cerebro, y su deficiencia puede ocasionar depresiones, incapacidad de relajarse, mala memoria y falta de concentración. Si las palabras con que se comunican las neuronas y nervios entre sí son unos mensajeros químicos llamados neurotransmisores, las letras con las cuales éstos se forman son los aminoácidos.
Nutrientes que afinan la mente. Igual que en una producción artística donde trabajan numerosos asistentes detrás del escenario para respaldar a los intérpretes, sucede en el cerebro con las vitaminas y minerales, que ayudan a que la glucosa se transforme en energía, los aminoácidos en neurotransmisores, las grasas esenciales en otras más complejas, como el GLA o las prostaglandinas, y la colina y la serina en fosfolípidos. Estos nutrientes contribuyen a construir y reconstruir el cerebro y el sistema nervioso y permiten que todo funcione sin sobresaltos.
La dieta más sana para el intelecto.
Para garantizar un buen aporte de los cinco compuestos que alimentan el sistema nervioso y eliminar aquellos que lo perjudican, tanto para curar el cerebro, mejorarlo o evitarle problemas, el doctor Holford ha establecido diez reglas de oro que deben aplicarse a la dieta cotidiana:


1.- Come alimentos integrales, desde cereales integrales, lentejas, judías y nueces, hasta semillas, frutas y hortalizas frescas, y evita los alimentos refinados, blancos y demasiado cocidos.
2.- Toma cinco o más raciones de fruta y hortalizas cada día, eligiendo las de hoja y raíz, como berro, zanahorias, boniato, brécol, coles de Bruselas, espinacas, judías verdes o pimientos, crudos o ligeramente hervidos. Opta por las frutas frescas como manzanas, peras, bayas, melones o cítricos y come plátanos con moderación. Diluye los zumos frutales y toma fruta seca sólo de modo ocasional, en pequeñas cantidades y remojada.
3.- Toma cuatro o más raciones diarias de cereales completos como arroz, mijo, centeno, avena, trigo, maíz o quinoa, en forma de granos, pan y pasta integrales.
Encuesta
4.- Evita cualquier forma de azúcar y los alimentos que la llevan añadida.
5.- Combina los alimentos de proteínas con los carbohidratos, ingiriendo cereales y frutas con nueces o semillas, y asegúrate de consumir productos de fécula, como patatas, pan, pasta o arroz, junto con pescado, lentejas, judías o tofú (requesón de soja).
6.- Ingiere pescado de especies carnívoras de agua fría. Una ración de arenques, caballa, salmón o atún fresco, dos o tres veces a la semana es una buena fuente de ácidos grasos omega-3, al igual que hay que incluir en la dieta buen fuentes de proteína vegetal, como las lentejas, judías, quinoa, tofu y hortalizas de semilla. Si tomas proteína de origen animal, elige carne de lomo o pescado.
7.- Come huevos, preferiblemente de granja, orgánicos y altos en ácidos grasos omega-3
8.- Come semillas. Las mejores son las de lino, cáñamo, calabaza, girasol y sésamo. Las aprovecharás mejor moliéndolas primero y esparciéndolas sobre cereales, sopas y ensaladas.
9.- Consume aceites de semillas prensados en frío, tanto para aliñar las ensaladas y las verduras.
10.- Minimiza la ingestión de alimentos fritos, productos procesados y grasas saturadas procedentes de la carne y los lácteos.



Leer más...